La violencia entre el ejército etíope y las fuerzas de Tigray hace temer el regreso de un conflicto más amplio.
Los combates entre el ejército etíope y las fuerzas de Tigray han aumentado en el norte del país. Tras varios choques y ataques con drones, la violencia se extendió desde el sur de Tigray hasta las regiones vecinas de Afar y Amhara. Los dos bandos se acusan de iniciar la ofensiva. Mientras continúan los enfrentamientos, muchas noticias sobre ataques y territorios ocupados no se pueden comprobar.
La situación recuerda a la guerra de 2020 a 2022. Aquel conflicto causó cientos de miles de muertes, obligó a millones de personas a abandonar sus hogares y dejó Tigray casi aislada. El acuerdo de Pretoria puso fin a la guerra abierta, pero no solucionó todas las disputas. Antes de esta nueva crisis, unas 750.000 personas seguían desplazadas dentro de la región.
El principal desacuerdo afecta al oeste de Tigray, controlado por fuerzas de Amhara desde la guerra. Los dirigentes tigrayanos reclaman ese territorio y el regreso de sus habitantes. A su vez, el Gobierno acusa a las fuerzas de Tigray de no entregar todas sus armas. Estas responden que tampoco se ha garantizado la salida de otras fuerzas ni la vuelta de la población desplazada.
La tensión crece también fuera de Tigray. Siete movimientos armados, entre ellos antiguos enemigos, se han unido para intentar apartar del poder al primer ministro Abiy Ahmed. Por otra parte, las fuerzas tigrayanas han ocupado tres aeropuertos y han interrumpido los vuelos civiles. La Unión Africana reclama el fin de los combates y la vuelta al diálogo. Aún no existe una guerra civil a gran escala, pero aumenta el riesgo de que la violencia se extienda.
Basado en: Caolán Magee, Al Jazeera
