La demanda existe, pero en varias sedes estadounidenses es menor de lo esperado.
El Mundial de 2026, del 11 de junio al 19 de julio en 16 sedes de Estados Unidos, México y Canadá, se veía como un impulso excepcional para el turismo. En Estados Unidos, el sector confiaba en que los aficionados internacionales compensaran un 2025 flojo en llegadas extranjeras.
A pocas semanas del inicio, el entusiasmo empresarial se ha vuelto más prudente. Las reservas no alcanzan las previsiones en varias ciudades estadounidenses y la demanda es menos internacional de lo esperado. Muchos clientes proceden del propio país y viajan por el torneo o por vacaciones.
El ajuste se ve con claridad en los alojamientos de corta estancia. Una anfitriona situada a unos 45 minutos del Lumen Field de Seattle triplicó la tarifa habitual, convencida de que los aficionados reservarían rápido. Al no recibir reservas, rebajó la oferta; después aumentó la ocupación, pero sobre todo con viajeros de verano.
La moderación responde a una combinación de costes y fricciones. Las entradas caras, el precio del transporte entre sedes y la preocupación por las políticas de entrada en Estados Unidos reducen el atractivo para parte del público extranjero. Por eso, hoteles y anfitriones han empezado a corregir tarifas.
El resultado no es uniforme: Miami y Atlanta muestran un comportamiento sólido, mientras otras sedes dependen de un posible repunte de última hora. El Mundial aún puede dejar ingresos relevantes, pero su efecto turístico en Estados Unidos parece más selectivo que las proyecciones iniciales.
Basado en: Bailey Schulz, Skift
