Las pérdidas de la CDU y el avance de AfD y La Izquierda complican el futuro político del canciller alemán.
El doble revés electoral del 20 de septiembre ha debilitado al canciller Friedrich Merz. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) no alcanzó el 5 % necesario y quedó fuera de un parlamento regional por primera vez en su historia. En Berlín, donde encabezaba el Gobierno, su acusado retroceso parece abocarla a la oposición.
Los resultados dibujan un escenario cada vez más polarizado. Alternativa para Alemania (AfD), situada en la extrema derecha, rebasó el 38 % en el estado nororiental tras duplicar su apoyo, mientras que en la capital avanzó del 9 % al 16 %. Allí se impuso La Izquierda con un 26 %, también el doble que en los comicios anteriores. Su candidata, Elif Eralp, podría ser la primera alcaldesa berlinesa de esa formación.
Merz asumió que la acción del Ejecutivo federal y su propia impopularidad contribuyeron a la debacle. No obstante, enmarcó el resultado en una reconfiguración del sistema de partidos, marcada por el auge de opciones que ofrecen respuestas radicales. AfD aprovechó la derrota para exigir su dimisión y cuestionar el rechazo de la CDU a cualquier pacto con ella.
Pese al castigo de las urnas, el canciller insiste en reformar el Estado del bienestar y las pensiones. La estrategia suscita resistencia tanto en el SPD, socio de la CDU en el Gobierno federal, como entre algunos dirigentes democristianos del este. Los socialdemócratas desean sostener la coalición, aunque reclaman cambios ante el descontento ciudadano. Merz afronta así un difícil equilibrio: conservar su agenda, cohesionar al Ejecutivo y reconstruir la credibilidad de su partido.
Basado en: Marcel Fürstenau, Deutsche Welle
