Un nuevo vuelo directo facilita viajar a Malta y descubrir su historia, sus islas y sus calas.
Malta ha sido durante años un destino menos habitual para muchos viajeros de Estados Unidos. El país está en el Mediterráneo, al sur de Sicilia, y tiene unos 574.000 habitantes. Aunque es pequeño, reúne ciudades históricas, balcones de colores y calas de agua turquesa.
Desde el 7 de junio de 2026, llegar resulta más sencillo. Delta abrió un vuelo directo entre Nueva York JFK y el aeropuerto internacional de Malta. La ruta funciona tres veces por semana hasta octubre y evita cambios de avión. Para un viaje de verano, esa conexión hace que el archipiélago parezca mucho más cercano.
El país está formado por Malta, Gozo y la pequeña Comino. En poco espacio conviven puertos, iglesias, pueblos tranquilos y zonas de baño. Su cultura también refleja influencias europeas y norteafricanas, algo visible en la arquitectura y en el ambiente de sus ciudades.
La Valeta, la capital, es un buen punto de partida. Está protegida por la Unesco y mira al Gran Puerto. Allí se puede pasear entre edificios de piedra clara, entrar en la concatedral de San Juan o cruzar el agua en una dgħajsa, una barca maltesa de madera. El trayecto hacia las Tres Ciudades permite ver Birgu y el fuerte de San Ángel desde otra perspectiva.
Gozo ofrece un ritmo más calmado que la isla principal. Hay ferris frecuentes desde Malta y, al llegar, aparecen acantilados, pueblos rurales y calas para nadar. Desde allí también se puede ir a la Laguna Azul de Comino, mejor a primera hora para evitar grupos grandes. Al final del día, Mdina es ideal para pasear cuando sus calles medievales quedan casi vacías.
Basado en: Heidi Mitchell, AFAR
