Unos modelos en 3D muestran cómo distintos dinosaurios con cuernos soportaban diferentes formas de lucha.
Las lesiones fosilizadas en las mejillas y las golas de los ceratopsios respaldan la idea de que estos dinosaurios resolvían algunas disputas mediante choques físicos. Sin embargo, esas huellas no permiten reconstruir por sí solas las maniobras de cada especie. El análisis de cráneos digitales ayuda ahora a vincular anatomías diferentes con estilos de lucha concretos.
El equipo generó modelos tridimensionales de seis ejemplares pertenecientes a cinco especies. Después simuló cargas aplicadas desde varios ángulos y modificó el contacto entre los cuernos. Una tensión excesiva aumentaba la posibilidad de fallo estructural. Las maniobras mejor toleradas ofrecen, por tanto, una aproximación a las presiones evolutivas que moldearon cada cráneo.
El recorrido evolutivo no conduce a una estrategia única. El psitacosaurio, un ceratopsio temprano sin cuernos de hace unos 125 millones de años, carecía de una cabeza apropiada para resistir impactos. El protocerátops, en cambio, toleraba bastante bien las embestidas frontales. En los linajes posteriores y más corpulentos, la arquitectura craneal permitió combates más variados y especializados.
El centrosaurio resistía cargas verticales sobre el cuerno nasal, compatibles con ataques de arriba abajo, pero era vulnerable a los esfuerzos laterales. El tricerátops y el espiclipeo podían trabar sus cuernos y forcejear. Los investigadores proponen que cuernos y golas desempeñaron al principio una función de exhibición social o sexual y que más tarde adquirieron también un uso ofensivo. Al igual que en ciertos herbívoros actuales, estas estructuras pudieron resultar útiles frente a los depredadores.
Basado en: Jake Buehler, Science News
