Algunos laboratorios chinos usan criptomonedas para vender péptidos en un mercado gris y poco regulado.
El comercio de péptidos vive un crecimiento notable en internet. Estos compuestos, formados por cadenas de aminoácidos, se promocionan con objetivos distintos: perder peso, rejuvenecer la piel o mejorar la apariencia física. A menudo aparecen como suplementos, pero no siempre circulan en un entorno regulado.
Esa falta de claridad importa. Algunos productos pueden usarse sin supervisión médica, incluso en forma de inyección. Para el comprador, el acceso fácil no equivale a una garantía sobre la calidad o el origen.
Chainalysis, especializada en rastrear movimientos de criptomonedas, estima que los vendedores de péptidos reciben más de 100 millones de dólares al año y que la cifra sigue creciendo. Una parte importante de esos pagos llega a laboratorios chinos. El análisis señala que algunos habían vendido antes precursores del fentanilo y han pasado a fabricar o vender péptidos.
Las criptomonedas encajan en este comercio porque permiten operaciones entre países sin pasar siempre por canales financieros tradicionales. Sin embargo, la cadena de bloques deja rastros públicos. Esos datos ayudan a observar qué negocios ganan tamaño.
El giro combina oportunidad comercial y menor riesgo. Las redes sociales han aumentado la demanda de productos ligados a la imagen personal, mientras que el negocio de los opioides afronta más presión policial. El resultado es un mercado atractivo para vendedores, pero confuso para usuarios que pueden recibir sustancias de origen incierto.
Basado en: WIRED Staff, WIRED
