La candidata peruana afronta una segunda vuelta marcada por su historia familiar y la crisis política del país.
La cuarta candidatura de Keiko Fujimori llega en un momento de desgaste institucional en Perú. La líder de Fuerza Popular disputa la segunda vuelta del 7 de junio frente a Roberto Sánchez, de izquierdas, en una elección que las encuestas dejaron casi empatada.
Fujimori entró en la vida pública en 1994, cuando, con 19 años, aceptó ser primera dama durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Aquel episodio ocurrió en plena ruptura familiar y bajo acusaciones de abusos contra su madre. Desde entonces, pasó de símbolo familiar a jefa de una derecha populista.
El legado paterno continúa organizando buena parte del debate. Para sus seguidores, Alberto Fujimori representa estabilidad económica y derrota de una insurgencia violenta. Para sus detractores, encarna autoritarismo, ejecuciones extrajudiciales y esterilizaciones forzadas. Keiko reconoce que hubo crímenes, pero defendió la excarcelación de su padre, fallecido en 2024.
Sus antecedentes complican la campaña. Fue encarcelada preventivamente en una investigación por lavado de dinero que después fue archivada por fallos, y tras su derrota en 2021 denunció fraude sin pruebas suficientes. Se le reprocha usar el Congreso para presionar a gobiernos débiles.
Sánchez concentra otros temores: fue ministro de Pedro Castillo, promete indultarlo tras su fallido autogolpe de 2022 y plantea revisar la Constitución de 1993. Por eso, parte del centro ve en Fujimori continuidad económica, mientras sus críticos temen más impunidad.
Basado en: Mitra Taj, Al Jazeera
