Aruba, Bonaire y Curaçao combinan playas, cultura y actividades al aire libre cerca de Venezuela.
Aruba, Bonaire y Curaçao forman las llamadas islas ABC, situadas al norte de Venezuela, en el extremo occidental de las Antillas de Sotavento. Comparten playas de arena blanca, aguas cálidas y una herencia afrocaribeña muy visible. También tienen una ventaja práctica para muchos viajeros: quedan fuera del cinturón principal de huracanes del Caribe.
Su relación con los Países Bajos no impide que cada isla tenga una personalidad marcada. Aruba se asocia a viajes familiares, pequeñas bahías y planes sencillos de playa. En Baby Beach el agua es poco profunda, mientras que Eagle Beach atrae a quienes practican paddle surf o kitesurf. En el interior, Arikok reúne cuevas, formaciones de lava y dibujos arawak de hace miles de años.
Bonaire destaca por el buceo de costa. Como el arrecife se encuentra muy cerca de la orilla, es posible acceder a muchos puntos sin embarcación. La isla también ofrece windsurf, kayak y visitas guiadas por cuevas. Desde Kralendijk salen taxis acuáticos hacia Klein Bonaire, un islote protegido y deshabitado donde no hay servicios básicos.
Curaçao añade un perfil más histórico y urbano. Sus calas, sus museos y Willemstad, incluida por la Unesco por su arquitectura, ayudan a entender la mezcla africana, caribeña, neerlandesa, española y portuguesa de la isla. La memoria de Tula y de la revuelta de 1795 ocupa un lugar importante. Entre las islas no hay ferris regulares, así que el enlace suele hacerse en avión.
Basado en: Brian Major, Sophie Friedman, AFAR
