Una pintura de gran formato, oculta al público durante décadas, podría alcanzar entre 25 y 34 millones de dólares.
Una obra de Claude Monet que hasta ahora solo se conocía por fotografías en blanco y negro ha hecho su primera aparición pública en París. Se trata de «Iris», un lienzo pintado en 1924 o 1925, en el tramo final de la trayectoria del impresionista. Sus dimensiones —alrededor de un metro y medio de alto por casi dos de ancho— lo sitúan entre sus creaciones más monumentales de aquella década.
La pintura permaneció en una colección privada y conserva unas condiciones poco habituales: nunca sufrió daños ni fue barnizada. Estará expuesta en la sede parisina de Sotheby's hasta el 22 de octubre de 2026, fecha en la que encabezará la subasta de la colección de Jeanne Schlumberger. La casa calcula que alcanzará entre 25 y 34 millones de dólares.
Bastaría con llegar al extremo inferior de esa horquilla para que se convirtiera en la pintura más cara jamás subastada en Francia. El posible récord nacional queda lejos, sin embargo, de la mayor cifra pagada por un Monet. En 2019, una de sus escenas de almiares se adjudicó en Nueva York por 110,7 millones de dólares, máximo tanto para el pintor como para una obra impresionista.
Más allá de su valor comercial, «Iris» revela la audacia del Monet tardío. Cuando estas pinturas se dieron a conocer tras su muerte, en 1926, algunos críticos las tacharon de decadentes y las vincularon con sus problemas de visión. La valoración actual ha invertido aquel juicio: la pincelada vehemente, la escala envolvente y las extensiones de color se consideran precursoras de la abstracción. Así, el jardín deja de ser una escena descrita con precisión y se convierte en un universo pictórico autónomo.
Basado en: Sonja Anderson, Smithsonian Magazine
