El trío prepara su primer álbum mientras defiende un soul propio y familiar.
BG, Zeimani y Kucha Womack crecieron con un apellido de gran peso en la música soul. Su padre, Cecil Womack, compuso para voces importantes y formó con Linda Womack el dúo Womack and Womack. Linda es hija de Sam Cooke, y Bobby Womack, tío de las hermanas, también dejó una carrera influyente. Esa genealogía fue escuela y presión a la vez.
Durante la infancia, las tres acompañaron a sus padres por estudios, conciertos y ciudades de distintos países. Aprendieron a mirar la música como un oficio: había ensayos, decisiones y muchas horas de espera. En los años noventa incluso participaron en grabaciones familiares. No era solo un ambiente brillante; también era una forma concreta de trabajar.
Más tarde se instalaron en Los Ángeles y trataron de abrirse camino por su cuenta. Aceptaron trabajos de limpieza, tiendas y Uber mientras seguían cantando. Esa etapa dejó claro que el apellido no bastaba. La oportunidad tenía que construirse.
El choque llegó cuando la industria no entendió del todo su propuesta. Ellas imaginaban un soul con instrumentos reales, cercano a sus raíces y a la vez actual. Varias discográficas, en cambio, las empujaron hacia fórmulas más comerciales de pop o R&B. Probaron algunas de esas direcciones, pero acabaron rechazándolas y financiaron el proyecto en sus propios términos.
El encuentro con Daptone Records les ofreció un entorno más afín. El sello, asociado a una lectura contemporánea del soul clásico, les permitió desarrollar canciones como "Chauffeur" e "If I Let You". Su debut, previsto para el 14 de agosto, reúne experiencias de amor, duelo y familia. Las Womack Sisters no reniegan de su linaje: lo usan para afirmar quiénes son ahora.
Basado en: Alexis Petridis, The Guardian
