La escalada de bloque ofrece otra forma de mirar Atenas y su historia.
En Atenas, la escalada de bloque está pasando de ser una afición discreta a una forma cada vez más accesible de conocer la ciudad. La escena combina roca caliza, barrios activos y monumentos antiguos. Desde Filopapo o Licabeto, el esfuerzo físico convive con vistas de la Acrópolis, del metro y de las calles cercanas.
El crecimiento no surge de la nada. La entrada de la escalada en los Juegos Olímpicos de Tokio, junto con la expansión de la cultura del boulder urbano en Europa, ha dado más visibilidad a este deporte. En la capital griega, los rocódromos, las quedadas al aire libre y los escaladores internacionales han ampliado una comunidad que antes era más reducida.
Un papel importante lo tienen George Papageorgiou y Antonis Sovantzis, miembros de Bloc Tribe. Tras años de trabajo, en febrero de 2026 publicaron una guía actualizada de bloques en Ática, la primera tan completa en más de una década. Incluye sectores en el monte Himeto, cerca de Penteli y en Maratón, lugares vinculados a canteras antiguas, mármol, miel de tomillo y memoria histórica.
La cercanía entre roca y ciudad cambia el tono de la aventura. Una sesión puede terminar con vino en Plaka, una cena cerca del Ágora o una conversación en una taberna. Pero esa comodidad exige responsabilidad. Como no hay cuerdas ni anclajes, el impacto puede ser bajo, siempre que se limpien las marcas de magnesia, se recoja la basura y se usen senderos existentes. La propuesta es disfrutar sin borrar el valor del paisaje.
Basado en: Ryleigh Norgrove, AFAR
