Las elecciones parlamentarias llegan tras protestas juveniles y una grave crisis migratoria en Ceuta.
Marruecos renueva los 395 escaños de su Parlamento en unas elecciones marcadas por la distancia entre el crecimiento económico y la vida cotidiana. Los 7.288 candidatos de 27 partidos afrontan demandas de empleo, mejores salarios, vivienda y servicios públicos. Aunque el país atrae inversión y vive un auge turístico, el 12,7 % de sus habitantes permanece en la pobreza relativa.
La brecha se hace especialmente visible entre los jóvenes. En 2025, el desempleo juvenil alcanzó el 37 % y 2,9 millones de marroquíes de 15 a 29 años estaban fuera del empleo, la educación y la formación. Las protestas de la generación Z de ese año dejaron víctimas mortales. En julio de 2026, un intento masivo de cruzar a Ceuta se saldó con decenas de muertos. Ante este panorama, algunos defienden las urnas como vía de cambio, mientras que otros han perdido la confianza en la política.
Los partidos ofrecen empleo, rebajas fiscales, viviendas y mejoras educativas y sanitarias. Sin una mayoría absoluta a la vista, el vencedor tendrá que formar una coalición. La Constitución exige que el rey designe al jefe del Gobierno entre los miembros del partido con más escaños, pero el palacio conserva una amplia capacidad de decisión estratégica. Este reparto de poder alimenta las críticas de quienes promueven el boicot.
La participación será decisiva. De 26,7 millones de ciudadanos en edad de votar, solo 15,8 millones están inscritos, pues el registro no es automático. El censo ha menguado un 9,7 % desde 2021 pese al crecimiento demográfico. Más allá de repartir escaños, los comicios medirán la credibilidad de unas instituciones que afrontan el reto de convertir el crecimiento en oportunidades reales.
Basado en: Akram Oubachir, Associated Press
