Bosques, lagos, montañas y viñedos ofrecen largos paisajes rojos, dorados y naranjas por toda Europa.
Cuando llega el otoño, muchas personas viajan para contemplar las hojas rojas, naranjas y doradas. Europa permite disfrutar de este espectáculo durante bastante tiempo. Sus cumbres, valles, bosques y climas diferentes hacen que el color avance de una región a otra, así que no todo depende de un único fin de semana.
En Eslovenia, el lago Bled recibe menos gente que en verano y se puede recorrer a pie en una hora y media. Los Alpes bávaros tienen una temporada aún más larga. Allí, el color aparece en septiembre cerca de la cima del Zugspitze y llega después a los valles, donde permanece hasta noviembre.
Los lagos de Buttermere y Coniston, en Inglaterra, reflejan los bosques y las montañas cuando el agua está en calma. En los Cárpatos de Transilvania, las distintas alturas hacen que los árboles cambien poco a poco. Perthshire, en Escocia, ofrece bosques con cascadas y ruinas, además de un espectáculo familiar de luz y sonido entre octubre y principios de noviembre.
En los Dolomitas italianos, los alerces se vuelven dorados antes de que llegue la nieve fuerte. Los viñedos también crean escenas especiales: en el valle del Loira, sus tonos rodean famosos castillos, mientras que las terrazas del Duero conservan el color hasta bien entrado noviembre y se pueden observar desde el río.
Laponia combina los árboles otoñales con la posibilidad de ver auroras boreales, aunque exige soportar mucho frío. Por último, Plitvice, en Croacia, reúne 16 lagos turquesa, cascadas, hayas y robles. A finales de octubre, hay menos visitantes y el recorrido resulta más tranquilo.
Basado en: Saskia O'Donoghue, Euronews
