La nueva vicepresidencia abre un debate sobre el futuro del poder en Camerún.
La reforma constitucional aprobada en abril ha situado la sucesión de Paul Biya en el centro de la política camerunesa. El presidente, en el poder desde hace 44 años y con 93, gobierna un país sin vicepresidente desde 1972, cuando Camerún dejó la estructura federal.
El nuevo diseño concede al jefe del Estado la facultad de nombrar al vicepresidente. Ese punto es decisivo: en caso de muerte o incapacidad del presidente, el elegido completaría el mandato de siete años. Hasta ahora, la continuidad recaía en el presidente del Senado y debía conducir a elecciones rápidas.
La oposición interpreta la reforma como una maniobra para ordenar una sucesión familiar. Entre los nombres que circulan sobresalen Franck Biya, hijo del presidente, y Franck Hertz, hijo de la primera dama, Chantal Biya, muy influyente. También aparecen Ferdinand Ngoh Ngoh, Paul Atanga Nji y Louis-Paul Motazé.
Maurice Kamto acusa al gobierno de construir una monarquía republicana apoyada en la herencia y el nepotismo. La crítica encaja con un clima de opacidad: la edad y la salud de Biya apenas se tratan abiertamente, pero sus ausencias alimentan dudas sobre quién decide.
Ni Biya hijo ni Hertz han ocupado cargos públicos, aunque ambos han ganado visibilidad. Hertz, empresario y consejero de Tradex, acompaña al entorno presidencial; Franck Biya formalizó en 2023 su entrada en el partido gobernante. La disputa llega con gabinete paralizado, elecciones aplazadas, conflicto anglófono e insurgencia en el norte.
Basado en: Eromo Egbejule, The Guardian
