La visita de Peter Thiel al tapiz de Bayeux provoca preguntas sobre acceso, conservación y trato especial.
El British Museum recibió en privado a Peter Thiel en el espacio expositivo del tapiz de Bayeux el 18 de agosto, cuando la muestra aún no estaba abierta al público. La visita fue conducida por Charlotte Appleyard, directora de desarrollo. Thiel, fundador de PayPal y Palantir, no es donante del museo, pero su presencia generó malestar por una posible percepción de privilegio.
La inquietud interna se centra en la conservación. Por su antigüedad y fragilidad, el tapiz está sometido a un control estricto de exposición lumínica: se calcula cuánto tiempo y con qué intensidad puede iluminarse sin aumentar el riesgo de deterioro. Algunos empleados cuestionaron que parte de ese margen se destinara a una visita privada de una persona sin un vínculo público conocido con la institución.
El museo cuenta con un plan de asignación acordado con especialistas franceses. Según la información conocida, George Osborne, presidente del patronato, estaba al corriente de la visita, aunque no participó en ella. También se entiende que las horas empleadas no salieron de la cuota prevista para el público general y que no hubo aportaciones económicas de Thiel ni de sus empresas.
El episodio se produce en un contexto de fuerte demanda. La primera venta de entradas provocó colas digitales de varias horas, y la siguiente tanda se ofrecerá el 21 de octubre a las diez de la mañana. La controversia se amplifica por el perfil de Palantir, cuyos contratos públicos en Reino Unido, incluido el acuerdo con el NHS, han recibido críticas.
La discusión no gira solo en torno a una visita. También afecta a la confianza institucional y a la forma en que se reparte el acceso a un patrimonio compartido.
Basado en: Nadia Khomami, The Guardian
