Los servicios de inteligencia alemanes alertan sobre Rusia, China y el extremismo de ultraderecha dentro del país.
En una comparecencia pública poco habitual ante el Parlamento, los responsables de la inteligencia alemana identificaron tres riesgos: la ofensiva híbrida rusa, la captación china de conocimiento estratégico y una extrema derecha cada vez más conectada y violenta.
Rusia fue descrita como la amenaza más directa, pese a que no haya señales de una ofensiva militar inminente. Moscú estaría librando una guerra encubierta mediante sabotajes, ciberataques, espionaje y desinformación para sembrar incertidumbre y debilitar la resistencia social. El respaldo militar, económico y humanitario de Alemania a Ucrania sitúa al país en el punto de mira. El transporte, las instalaciones militares y la industria de defensa son especialmente vulnerables.
El desafío chino tiene un horizonte más largo. Las autoridades vigilan los intentos de acceder, mediante universidades y proyectos científicos, a avances en inteligencia artificial, computación cuántica y biotecnología. A ello se suma la inquietud por los datos que generan los vehículos y electrodomésticos conectados. Esa información podría explotarse indebidamente y, en casos extremos, algunos sistemas podrían manipularse a distancia.
La tercera amenaza procede del interior. Jóvenes ultraderechistas dispuestos a ejercer la violencia tejen redes internacionales, mientras aumentan las sospechas de extremismo en las Fuerzas Armadas. El Gobierno propone ampliar la recopilación y el análisis automatizado de datos, así como permitir respuestas activas ante sabotajes y agresiones informáticas. Sus detractores temen que se diluya la frontera entre obtener inteligencia y ejercer funciones policiales, por lo que reclaman controles más sólidos.
Basado en: Sabine Kinkartz, Deutsche Welle
